Cuando los hombres aullaban en las noches.
Hubo un tiempo después del hubo,
un lugar ajeno y en luz desdibujado,
dónde el marrón, al verde detuvo.
en dónde el alma azul del cielo
se abrazó ignorante al frío crepúsculo.
Hubo un tiempo después del hubo.
Cantos de sirena, sin mar alguno
el cojo corría siendo verdugo,
palabras sin vida en un mundo
en dónde los sueños eran futuras
utopías, sin aliento; en vientos oscuros.
Hubo un tiempo después del hubo,
sin madres, ni padres, sin hijo alguno
en dónde los ojos no eran los suyos
y se marchitaban los atardeceres
por aquellos, éstos, nuestros rincones húmedos.
Hubo un tiempo después del hubo,
grises los cielos, eclipses de luna y gritos
flores cubiertas por el lodo de los relojes
y los hombres aullaban en las noches.
Cuando los lobos eran aulladores de lunas.
Y hubo un tiempo,
un lugar rebosante de sentidos
el verdor del valle, el fresco murmullo
liquido al pasar por entre mis dedos,
era sonata eterna, arrullo.
Y hubo un tiempo,
en el que el hombre era hombre
en dónde las cicatrices sanaban
en dónde las mariposas eran vuelo
volaban sin cicatrices un cielo
Y hubo un tiempo,
de brisa verde, del beso en flor alegre
al pasar por entre los pétalos,
perfume de vida, en susurro libre.
Todos hijos, madres, padres….
Y hubo un tiempo,
en dónde no habían relojes
en un convivir de días y sus noches,
y los lobos eran aulladores de lunas
lunas claras, nítidas, mudas.
Te Quiero Pija...
Donde esta Zarauz?¿.


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